HACIA LA CONQUISTA DE CHILE
 
El 20 de enero de 1540 salió desde el Cuzco por el camino real de Atuncancha que primero los llevaría a Arequipa la pequeña columna de poco mas de una docena de audaces conquistadores españoles encabezados por don Pedro de Valdivia e integraban entre otros por don Alvar Gómez de Almagro que era el de mas edad con 50 años, su hijo Juan  de 20 que era él mas joven de la columna. Además viajaban Pedro de Miranda, Bernal Martínez, Lope de Ayala, Lucas Martines, Bautista Ventura, Francisco Martínez de Peñalosa, Fernando Álvarez de Toledo, Luis de Cartagena, ninguno de los cuales pasaba los 23 años de edad, salvo Antonio Zapata que ya tenía 26. La única mujer de la expedición era doña Inés de Suárez.
Este grupo de valientes se ubicaba estratégicamente en medio de la columna de setecientos yanaconas (servidores) peruanos que estaban encargados de transportar la carga.
En llamos, caballos y mulos. Por el camino se le integraron los miembros de la expedición que fue destrozada por las alimaña, enfermedades y los indios Chunchos y Chirihuanos.
Amen de los parciales de don Diego de Almagro que estaban cierto de que si volvían al Cuzco, su vida estaba en peligro, pues los esperaba Francisco Pizarro para someterlo a sus arbitrios. Aunque muchos como el capitán Diego de Rojas que comando el fracasado intento a los ríos Madeira y Beni, prefirieron quedarse allí antes de viajar al endemoniado Chile.
En Tarapacá se le unió don Francisco de Villagra con 16 hombre, un poco al sur lo hizo el tudesco Juan Bohon con 60 compañeros, en Chiu Chiu fue Francisco de Aguirre con 25 soldados. El 14 de agosto llegaron al valle de Copiapó 5 capitanes, 151 castellanos y 1.100 indios yanaconas.
Al reiniciar su marcha hacia al sur empezaron los roces esporádicos con los aborígenes y al llegar a la actual ciudad de Colina el cacique Chicureo le manifestó que poco más al sur había un hermoso valle regado por un río muy bueno para pastar el ganado que llevaba.
Los conquistadores continuaron por la falda del Manquehue hasta llegar al Cerro Grande, como llamaron al San Cristóbal, desde cuya cima observaron el esplendoroso panorama que presentaba el valle del Mapocho y de inmediato planificaron fundar allí la capital de este nuevo reino de la corona española al que llamó Nuevo Extremo.