BATALLA DE CONCEPCION
 
Sin pena ni gloria fue el arribo del gobernador Francisco de Villagra a Concepción, cuando la ciudad vivía la tensión de un posible ataque indígena.
En el lugar que se hoy se encuentra la ciudad de Penco en aquella época se ubicaba Concepción del Nuevo Extremo, siendo la base de donde los españoles planificaban las incursiones contra los mapuches. Esto hizo comprender a Lautaro que la única forma de expulsar a los intrusos, era destruyéndoles su bastión e introdujo una nueva arma para entrar en acción ,esta consistía en el “garrote arrojadizo” el que era lanzado a las patas y cabezas de los caballos, quienes aturdidos caían o se encabritaban arrojando al jinete violentamente al suelo donde los “infantes mapuches” daban cuenta de él.
Para obligar a los españoles a salir del Fuerte de Concepción, los indios construyeron un “fuerte de madera portátil” para cubrirse de los disparos y de ahí salían a provocar a los hispanos con toda clase de insultos y gestos obscenos que sacaron de quicio a los europeos quienes lanzaron un furibundo ataque de caballería el cual fue repelido por el comando indio especializado en lanzar garrotes, con tan buenos resultados que produjo el pánico entre los conquistadores que tenían grabado el desastre de Marihueño. Despoblando por segunda vez Concepción (El primero sucedió con la muerte de don Pedro de Valdivia) al escapar del fuerte en los barcos surtos en la bahía. Dejando la ciudad a merced de los indios que la redujeron a ceniza.
Fue entonces cuando Lautaro saltó sobre un muro semi destruido y levantando su lanza gritó ¡ Yo soy Lautaro, el que derrotó a los huincas! Luego se enteró de la atroz muerte que sufrió Talcahuano al ser quemado vivo por los españoles, que lo acusaron de que era su padre. Replicando ¡Juro que inmediatamente volverá a pedir permiso a los ancianos, para expulsar a los huincas de Santiago, pero al mirar sus tropas diezmadas por las violentas batallas y el (chabalongo o gripe) que los mapuches consideraban como una poderosa arma peninsular. “Los indios chilenos desconocían enfermedades como el resfrió y las venéreas”, creían por ejemplo, que las lentejas que sembraban los españoles salían por el poder de sus brujos en las rucas araucanas atacando a sus moradores (se referían a la viruela) amen de la tremenda miseria causada por la guerra y la sequía, que ese año azotó la zona, lo impedían.. En vano el toqui Lautaro exigía a los ancianos presididos por Colo Colo autorización para atacar Santiago y expulsar de Chile a los invasores. Ellos se oponían rotundamente a que las tropas mapuches sobrepasaran el Biobio rumbo al norte.
Primero hay que cosechar y después consultar a las machis y si sus vaticinios fueran muy buenos, autorizaríamos la salida de unos 300 conas. Era la respuesta de Colo Colo.