BATALLA DE TUCAPEL
 
Por medio del comercio los indios entablaron amistad con los españoles, aunque su objetivo era vigilar los movimientos de los huincas a fin de saber cual era la hora mas factible para lanzar un violento ataque por sorpresa. Los peninsulares se impusieron del plan y les siguieron el juego, poniendo sus cartas de contraespionaje a todos los residentes del fuerte y procedieron a expulsar a un indio de la fortaleza después de golpearlo rudamente. Este se dirigió a la presencia de Caupolican y sus huestes, dándoles toda clase de detalle de las fortificaciones, agregándole que la hora mas indicada para lanzar el ataque era después de almuerzo, ya que los huincas tienen por costumbre dormir la siesta durante dos o mas horas, quedando el fuerte casi desguarnecido. Ofreciéndose el mismo para abrir las puertas a los guerreros para aniquilar a los huincas que tan mal le habían tratado.
Caupolican creyó en las palabras del yanacona. Así fue como en el mas absoluto silencio entraron los conas al fuerte guiados por el fornido toqui, hasta que un disparo rompió el silencio sepulcral en que se efectuaban la indianas acciones. Esa fue la señal convenida, en que en un abrir y cerrar de ojos transformaría el fuerte en un infierno de muerte y desesperación  ¿Que había sucedido? El indio era un traidor que informó hasta el último detalle del ataque .
Los españoles esperaron armados hasta los dientes a los indios y cuando estuvieron todos adentros se cerraron las puertas para proceder a cocer prácticamente a todos los conas de Caupolican, donde muy contados hombres lograron escapar de esta carnicería, entre ellos el propio Caupolican, que huyó hasta las lomas de Pilmaiquen, lugar del que procedía, emborrachándose para ahogar la pena y el dolor que el desastre de Tucapel le había causado, pasando muchos días de profunda tristeza y borrachera. En ese lamentable estado fue capturado y conducido a Cañete donde fue empalado sin lanzar un lamento a tal extremo que tuvo que ser traspasado por lanzas al creer que estaba vivo. Tal vez su mayor tristeza la sufrió cuando su mujer Fresia le lanzo su hijo a los pies, diciéndole que era un cobarde.