BATALLA DE LONGONOVA
 
Este el segundo ataque al Fuerte o Casa de Arauco se llevó a cabo cuando el toqui Petegolen que había pensado que los huincas se marcharía del lugar para siempre,  se dio cuenta que esto no sucedió, ya que el jefe indígena no conocía la tozudez de los hijos del Cid, quienes en represalia al fiasco sufrido, obtaron por demostrar que no pensaban marcharse y degollaron a 30 guerreros que tenían prisioneros, entre ellos el valeroso cacique Millarapue. Esta bárbara represalia produjo tal indignación en Petegolen, quien ordenó un ataque total contra el Fuerte de Arauco, también llamado “Casa de Arauco” por ser realmente una fuerza inexpugnable y fuertemente guarnecida.
La Casa de Arauco era a fines de 1602 el fuerte mas poderoso que tenían los españoles en el continente americano. Mas a los araucanos ese poderío no les preocupaba mucho y quiso Petegolen demostrárselos y para que los invasores también se dieran cuenta que ellos no les iban en zaga si se trataba de levantar fuertes, incluso por cantidades, poniendo en campaña todos sus hombres, construyeron tres fuertes, estratégicamente ubicados y dispuestos en tal forma que los hispanos quedaron en el centro de este triangulo, donde eran objeto diarios ataque relámpagos.
Pronto los aborígenes hicieron grandes tableros de troncos, los que eran movibles, es decir transportables y tras ellos avanzó la infantería mapuche para protegerse y producir incendios, mientras otro escuadrón usando el mismo sistema se acercaron a otro extremo del muro, procediendo a romperlo con el animo de ingresar al interior a combatir cuerpo a cuerpo. Sus cálculos fueron errados al ejecutar la abertura justo donde se guardaba un cañon de reserva con grandes cantidades de municiones. Trastocando sus primitivos planes sacaron el cañon hasta un montículo y desde allí iniciaron un bombardeo contra la formidable Casa de Arauco hasta que se le agotaron las municiones. El desaliento que produjo el ataque de artillería hecho por los indios fue tan grande dentro del fuerte, que sus defensores se sintieron perdidos, ante la increíble audacia de estos aborígenes.
Al cumplirse dos meses de estar sitiados por los araucanos, el poderoso fuerte, el mejor del Nuevo Mundo estaba sumido en la desesperación. La hambruna comenzó a hacer mella en ambos bandos y en forma muy especial entre los sitiados españoles, que ya se comieron los caballos, perros y roedores, faltándoles hincarle el diente solo a las monturas, que ere lo único que les iba quedando. Razón por la cual decidieron pactar la rendición con los indios.
Fue en ese preciso instante que Petegolen (sin saber la propuesta de rendición española) decidió levantar el férreo sitio montado por meses, porque se acordó que tenia que ir a cosechar y fue él quien pidió pactar una tregua a los huincas. Estos por medio del gobernador don Pedro de Villagra (tio del que murió en Lincoya) y comandante de los sitiados sin titubear, aceptaron de inmediato. Era una bendición del cielo para los españoles, ya que les era imposible resistir un día mas. Este fue el primer error que cometía Petegolen, que hasta aquí condujo sus tropas brillantemente, logrando contundentes victoria y teniendo a punto de capitular a sus enemigos. Hoy se retiraba a recoger las cosechas y alimentar a sus hombres, para después  volver a la lucha de la que no descansaría hasta expulsar a sus odiados enemigos.
Mientras se alejaban los mapuches, los españoles no cabían en si de felicidad y elevaban plegarias de agradecimiento al cielo por haberles dado la oportunidad de seguir viviendo y no morir en manos de esos feroces, pero dignos salvajes, que tuvieron la gentileza de darles una tregua, para saciar su hambre y sed.