BATALLA DE EL MOLINO DEL CIEGO
 
El toqui Ñancu o mestizo Alejo decidió reducir el numero de sus tropas por dos motivos. El principal era que muchos cacique, vicetoquis y conas estaban disgustados con el por no haber atacado y destruido Concepción del Nuevo Extremo y en cambio actuó en forma tan dura contra el valiente cacique Huenchullan, a quien de un hachazo lo liquidó por protestar por esa misma decisión., a la que obedeciendo al cariño maternal de no castigar la ciudad no dio cumplimiento a los supremos intereses del pueblo araucano, que no deseaban otra cosa en el mundo, que ver borrada del mapa la capital del sur.
La segunda razón consistía en que los distintos rehúes necesitaban de los jóvenes guerreros para el cultivo y al mismo pueblo araucano le resultaba muy caro mantener en pie de guerra un poderoso contingente. De manera que los mejores conas fueron seleccionados y con ellos Alejo se dirigió en dirección de Concepción. Por el camino su excepcional servicio de inteligencia le informó, que mejor sería atacar el recién reconstruido fuerte de Conuco, que en esos momentos contaba con escasa guarnición y era fácil destruirlo. Mas sus avanzadas capturaron a unos soldados españoles, que por medio de la tortura contaron, que esperaban
los caudales que traía el capitán don Pedro Gallego al mando de 200 soldado y otros tantos yanaconas que custodiaban el preciado tesoro.
Una oportunidad así valía mas que atacar Conuco, motivo por el cual, Ñancu cambio nuevamente los planes y ordenando eliminar a los dos prisioneros a fin de asegurarse que no dieran la alarma de su presencia, la que hasta ese momento era ignorada por los hispanos.
De improviso ambas fuerzas se encontraron en unos suaves lomajes conocidos como “Los Molinos del Ciego” . Los europeoas se detuvieron formando barricadas para resistir el inminente ataque de la infantería indígena, barriendo con plomo las primeros intentos
mapuches, que se replegaron con graves daños y reorganizándose rápidamente, volvieron al ataque corvo en mano. Mientras Alejo enviaba por la retaguardia enemiga batallones de caballería que sorprendieron a los que cuidaban los animales. Arrebatándoselos los lanzaron en estampida contra las barricadas produciendo el pánico y confusión entre los huincas, que se desorganizaron en tal forma que acorralados , fueron cayendo todos, salvo Juan Fernandez Astudillo, que pudo escapar a pedir ayuda a Conuco.