BATALLA DE LOS PERALES
 
Como una tromba salieron 200 jinetes del fuerte de Conuco al mando del capitán Bartolomé Perez de Villagran con un odio enceguecedor dispuestos a vengar a sus compatriotas, castigando en forma ejemplar a esos indios montoneros y traidores”como ellos trataban a los indígenas”. Porque jamás pese a las duras experiencias sufridas en los campos de batalla, su orgullo español les permitio reconocer, que estos aborígenes eran muy distintos a los restantes de sus dominios del nuevo mundo a quienes tan fácilmente sometieron un siglos  atrás.
A mata caballo guiados por el soldado Juan Fernández Astudillo se dirigían al encuentro con Alejo y sus conas. Estos sin embargo una vez consumada la victoria de Molinos del Ciego y coger el botín de varios miles de petacones de oro, armas y los caballos aperados para la guerra, marcha hacia el sur, cuando en lontananza divisa una polvareda. De inmediato comprende que son los refuerzos que vienen en socorro del capitán Pedro Gallego, llegando muy tarde, pues en sus fuerzas viene el único combatiente que salvó con vida. El es el soldado Juan Fernández que guía la columna vengadora.
Alejo ordena desmontar y esperar que se acerquen los huincas y cuando estos se encuentran encima, sorpresivamente  al son de trutruca montan  a
 a caballo y sin darles tiempo para organizarse se abalanzan sobre los expedicionarios, que bravamente rechazan a los mapuches. Dos veces se vuelven a trabar las caballerías, en donde los indios sacan la peor parte. Alejo en lo mas fiero del enfrentamiento, hace tocar retirada general, abandonando todo el botín de guerra, que esta vez está tan aumentado con los petacones de oro capturados en Molino del Ciego.
La astucia de Ñandu hace que los ingenuos españoles no ordenen la persecución y por el contrario desmontan a coger el apetitoso botín que se encuentra abandonado, sin darse cuenta que Alejo y sus hombres se les vienen encima, pillándolos desmontados dan cuenta fácil de ellos, que dejan en el campo de batalla 70 peninsulares muertos entre ellos el capitán Bartolomé Pérez Villagran. Los demás emprendieron la huida rumbo a Conuco, derrotados.