SAN FRANCISCO DE EL MONTE
Por   Luis Diaz Diaz

 

prehistoría

 

Los picunches “gente del norte”( para los araucanos que preferentemente residían  a orilla   de un curso de agua)  en  esta zona  obviamente Vivian en las márgenes dl río Mapocho hasta cuando este caudal  confluye con el caudaloso Maipo, al sur del cual están las montañas de Naltagua “Lugar de nalcas”  y  Chocalan “Brotes amarillos” sitios muy visitados  por los aborígenes de la zona por la abundancia de frutos silvestres  y caza. Muchos  indios por esta razón levantaron sus chozas  a  los pies del cerro, haciendo muy fluido los viajes entre las riberas naltaguinas y montinas,  interrumpiéndose solo en las  crecidas de ambos ríos. Estos  indígenas  de la actual comuna de El Monte también eran favorecidos en sus necesidades alimentarias por una rica vegetación y abundante pesca del entonces límpido Mapocho, en cuyas márgenes construyendo sus chozas, para estar cerca del arroyo que les facilitaba el diario baño, “costumbre común del pueblo mapuche”  que les permitía mantenerse limpios y sanos, desconociendo enfermedades que después llegarían con los europeos, tales como las venéreas, viruela  e incluso la gripe y resfrío, males desconocidos de los naturales chilenos. La llegada de los incas del Perú  trayendo  algunas técnicas  agrícolas, que pusieron en practica, pero sin ser sometidos por el invasor,  gracias a sus jefes, los caciques Chiñigue y Llupeo, ambos de hábil y cordial trato.

 

Conquista

fueron las huestes del sacerdote y hechicero inca Talagante quienes primero se asentaron muy cerca de los dominios del cacique Llupeo (Río Hermoso) y si bien su influencia se hizo sentir, se adaptaron a su presencia que no los  afecto en absoluto en el aspecto militar, ni con los incas, ni con los españoles, ya que los indios “montinos” de Llupeo eran pacíficos labriegos, pescadores y cazadores, con mínima densidad poblacional  dispersa en un enorme y rico territorio que  no se  sentían  en absoluto sometidos a los extranjeros, pese a tenerlos como sus vecinos inmediatos. Pero las congregaciones religiosas fueron las que en su afán de enseñar y redimir a los nativos de los abusos de los conquistadores y aprovechando la gran amistad que entablaron  don Pedro de Valdivia  y el curaca inca Talagante  y la continuaron sus  descendientes permitiendo en 1593 a los franciscanos  por intermedio de Fray  Basilio Pons levantar un monasterio en sus dominios, el  que  fue destruido por el terremoto de 1647.  Luego este fue traspasado a los Jesuitas,  y al ser expulsados estos de los territorios españoles por  Carlos III el 26 de agosto de 1767  dejando su capilla  sin atención cristiana, A petición de los propios indios al rey de España, fue que este le  donó a la orden franciscana  un terreno  donde se levantó  el templo a fin   de evangelizar la reducción del Cacique Llupeo, desde entonces la aldea que surgió a la vera del convento se conoció con el nombre de San Francisco,  pero teniendo la precaución  de tomar  medidas en caso de algún ataque indígena . Este  consistía en un túnel que salía desde el templo, cruzaba la plaza  en dirección norte  rumbo al “monte” (cerro del cual después tomó su nombre el pueblo) por cuyo contorno se desplazaba  el tranquilo río Mapocho  que lo separaba  del  pueblo de indios  de Talagante, en  donde dicho cacique era protegido por los conquistadores españoles y por ende  se constituía en  el lugar mas seguro al que se podía dirigir en una emergencia bélica. La cual  siempre estaba latente y quedó comprobada  con el tiempo cuando  la fiera resistencia de los mapuches desde el río Biobio al sur, vino  a cambiar  la quietud de la zona de San Francisco. 

Los hispano fueron derrotados y expulsados desde  la  ciudadela de Osorno en 1602  la que había sido reconstruida en el mismo sitio donde se levantó el primer fuerte en esa zona nueve años atrás con el nombre de Santa Marina de Gaete y reducida a cenizas por los indígenas. Mas la tozudez hispana la reconstruyó por orden de, gobernador García Hurtado de Mendoza con desastrosos resultados  al ser barrida por los araucanos y sus pobladores reubicados en diversos lugares. Las monjas Clarisas fueron llevadas a Chiloe. .Desde  allí  Fray  Juan Barbero las trajo a Santiago  y luego a  San Francisco, nombre del santo patrono de la aldea  y con el cual  se conoció desde entonces la actual ciudad de El Monte, la que a partir de ese momento comenzó a tener importancia en el devenir nacional. Las monjas Clarisas enseñaron aquí a los indios el trabajo de cerámica policromada, costumbre que  ha prevalecido durante siglos. Luego llegaron  otros vecinos de gran alcurnia como fue don Ignacio de La Carrera Cuevas y Lisperguer descendiente directo de la f extensión , la que estaba ubicada a los pies del lado sur del cerro La Campana y cercándolo por el este lo   hacia el sinuoso río Mapocho. Allí pasaron su infancia y juventud quienes un día  serian protagonistas principales de la lucha por la independencia de Chile, como lo fueron los hermanos Carrera. Estos niños  junto a su inquieto amigo Manuel Rodríguez en infinidad de veces corrieron por las faldas del cerro vecino y ya jóvenes se aventuraron a cruzar el río Maipo para internarse en las montañas de Naltagua, cubiertas de hermosos parajes y cascadas naturales que invitaban a la aventura y desde su cima mas occidental  observaban la marcha del  caudal  que se dividía en múltiples brazos  formando  un archipiélago de verdes islas que causaban su admiración, y muchas veces bajaron para bañarse en las  cristalinas aguas del estero Angostura que bordeando el cerro y entre  sauces  y canelos  zigzagueaba  alegremente al encuentro de los demás brazos del inquieto Maipo. Ese era el valle de tan especial característica  llamado “El vado de Lonquen” por el cual pasaba en su extremo oriental  la ruta colonial hacia el conflictivo  suelo araucano.

Años después José Miguel Carrera  se convirtió en un apuesto muchacho que encontró el amor en una doncella naltaguina, que al parecer ya tenía dueño y tuvo que batirse a duelo de puñal con su rival en  la planicie de San Antonio de Naltagua, alzándose como vencedor, pero fue enviado castigado a casa de su tío materno en Lima, donde dada su actitud altanera fue encarcelado en  la nave Castor, de la cual logró huir y retornar a Chile.

Nuevamente radicado en San Miguel de El Monte su padre lo nombró administrador de la hacienda  con el objeto de detener el robo de ganado que sufría su propiedad a mano de los indios. Estas rapiñas indianas nacidas al fragor de la guerra de Arauco se extendió a la zona central con enormes perdidas para los pobladores de origen europeo. don José Miguel  inicio las pesquisas en El Monte, El Paico, Vado de Lonquen ( Isla de Maipo) y Naltagua, lugar donde encontró a los indios faenando animales robados a su padre. En la refriega resultaron heridos el cacique Placen cía  y un niño. Carrera  debió pagar una fuerte multa por atacar  a los indígenas y se le perdonó el encarcelamiento por el repentino fallecimiento de su madre. Días después  el joven se marchó a Europa para enrolarse en el ejercito del rey  que luchaba contra Napoleón, fue herido en la batalla de Ocaña y por su valor  se le ascendió al grado de sargento mayor. Retornó a Chile totalmente cambiado al comprobar que en España los americanos eran mirados como indígenas aunque en el nuevo mundo fueran grandes personajes.

 

Independencia

El  cambio en la personalidad de don José Miguel Carrera fue en 180 grados  pues su estilo altanero  lo cambio por la entrega total a la libertad de su patria, ocupando él y sus  hermanos Luis Florentino y Juan José  los mas altos cargos en el bando patriota a un precio altísimo, pues  don Juan y don Luis fueron acusados de montoneros y fusilados el 8 de abril de 1818 en Mendoza, (tres días después de la batalla de Maipú). Los siguió en el camino de la venganza  de  la Logia Lautarina  compuesta de cinco miembros, tres argentinos y dos chilenos y  de la cual  eran miembros San Martín  y O´Higgins. Esta organización  declaró enemigo de todo gobierno al  amigo y  vecino de la infancia de los hermanos Carrera don Manuel  Rodríguez, que cuarenta y tres días después corría  igual suerte al ser  asesinado por la espalda en Tiltil el 20 de mayo de 1818.

A partir de entonces la persecución contra los Carrera y sus seguidores se hizo cruel en extremo al ser  asolada en múltiples ocasiones la hacienda de San Miguel de El Monte  por escuadrones o´higgianos  que buscaban en las malezas y pajales a sus supuestos  e inexistentes enemigos. La malvada persecución  no vaciló en nada para martirizar  a los carrerinos, ya que el 13 de mayo de 1819  una comisión  integrada por  José Gregorio Argomedo y notario público llegaron hasta  El Monte  para desde allí dirigirse a la hacienda de San Miguel con el fin de cobrarle  a  don Ignacio de  la Carrera  (un anciano de 86 años de edad)  la suma de ciento noventa y cinco pesos y  siete reales, que habían quedado pendientes por el proceso y tramite del fusilamiento de sus hijos Luis Florentino y Juan José en el pueblo de Mendoza. Días después llegaba sorpresivamente  el  capitán  Hilario Vial al mando de 50 jinetes sembrando el pánico y la destrucción en San Miguel.

Todas estas tropelías llenaron de pavor a la población de San Francisco.

Don José Miguel Carrera  al fracasar  su anhelada empresa de liberar a Chile, perder la flota de guerra que adquirió en Estados Unidos con el mismo objeto. Saber  la muerte por fusilamiento de sus hermanos en Mendoza. No encontró otra  alternativa que hacerse montonero, estado semi delictual con el cual tuvo sitiado a Buenos Aires y asoló diversas poblaciones logrando un enorme prestigio entre los indígenas, que lo nombraron en un solemne parlamento Pichirey de los indios de la pampa,  asoló con ellos las enormes planicies, siempre mirando la posibilidad de retornar a su amada patria.  Cayo prisionero después de la derrota de  Punta del Médano y tras un largo juicio se le fusiló  también en Mendoza el  4 de septiembre de 1821.

Entre tanto en San Francisco de El Monte, la hacienda San Miguel  y sus alrededores las crueldades en contra de los carrerinos continuaba en forma implacable. La propia escritora  inglesa  María Graham Dundas  que escribió el libro “ Mi residencia en Chile 1822” un día antes de cruzar  el  vado de Lonquen (Isla de Maipo) encontró en Viluco al desterrado Lastra, que era hijo de doña Javiera Carrera, el cual debía hacerse el demente ( “tonto”

como el mismo se definió). Este joven vivía oculto en el bosque, durmiendo en cavernas de la montaña y alimentándose con raíces de árboles, amen de vivir en constante fuga para escapar de la furia anticarrerina impulsada por el gobierno de O´Higgins  y doña  Javiera Carrera debió asilarse en Montevideo bajo la protección de las tropas portuguesas de ocupación. Ella quien bordó la primera bandera que tuvo Chile, envió  a Mendoza  a su amigo llamado  Miguel Cornejo, natural de El Paico, el cual se puso en contacto  con  el “carrerino”  Toribio Rojas  natural de El Monte y entre ambos una noche  se robaron  la calabera de don José Miguel  Carrera   que estaba expuesta frente al Cabildo de Mendoza  y sorteando mil dificultades  la trajeron a Chile. Tiempo después regresó doña Javiera la cual conservo con cariño la calavera de su hermano en El Paico.

A estas alturas el cacique Llupeo era el heredero por quinta generación de los extensos dominios de sus antepasados, suelos que se habían reducido enormemente, perdió el dominio de las dos terceras partes  del pueblo de San Francisco  al cual se le  agregó  el nombre de El Monte por estar cerca de la montaña  y como una manera también usada por los colonos para  quitarles la tierra a los indios.

Llupeo  amenazaba con ir a Santiago a denunciar los abusos en su contra hechos por los comandantes  sin llegar  a concretar nunca tal acusación  al conformarse  con los adelantos  que hacía en su hogar gracias a la civilización, como era el haber hecho ventanas a su  vivienda y contar  con  terrenos muy bien cultivados con el trabajo de su familia y de  los indios del lugar, que aun lo respetaban  como su cacique, al que debían obediencia. Pero lentamente se fueron integrando a los cambios, al adoptar las costumbres del chileno y estos a la vez  también tomaron muchas costumbres de los indígenas  a tal extremo que casi no había diferencia entre ambas cultura fuera de las  que estaban muy arraigadas, como el caso de los aborígenes que veneraban  al canelo y sus danzas ascentrales. Tradición que los franciscanos al no poderla cambiar, invitaron a los picunches a practicar sus bailes  dentro del templo, pero en honor de la Virgen de La Merced.  Situación  que cambio  a causa  del exterminio contra los Carrera  existente en San Francisco de  El Monte, que muchos lugareños en un acto de fe y  temor religioso, pensaron talvez  que dada la situación de terror  reinante podía ocurrir un sacrilegio en el templo. Entonces  tomaron la imagen de Nuestra Señora de La Merced huyeron con ella hacia el archipiélago del vado de Lonquen,  convirtiéndose en los primeros colonos de la actual ciudad de Isla de Maipo, pueblo que con el tiempo le dedicó su devoción al atribuirle el milagro que salvo la aldea de una inundación y desde entonces anualmente le celebra su hermosa fiesta y mes de La Merced.

Entre tanto la nueva parroquia de San Francisco de El Monte era inaugurada el 13 de octubre de  1824  y El Monte  recibía  el título de “ villa”  el 12 de  septiembre de 1895.

 

En la Republica

San Francisco de El Monte lentamente fue cicatrizando las heridas del drama de los hermanos Carrera y afianzándose como un pueblo floreciente donde nació don Manuel Roble, el autor de nuestro primer  himno nacional. y al cual llego a principio del siglo XIX le vía férrea  y surgió la estación de El Monte. Casi simultáneamente se  construye  el enorme puente carretero sobre el río Mapocho como parte de la ruta hacia  Melipilla y el Puerto de San Antonio, puente en el cual  no se tuvo la visión del enorme progreso que tuvo la zona  y se levantó con una sola vía.

En 1909 se completaron las instalaciones para explotar a gran escala el mineral de Naltagua en el cual se extraían las riquezas de los cerros de esta montaña que desde hacia  cincuenta años  se trabajaba en forma artesanal, al trasportar el mineral  a lomo de mula, donde el  mas importante  empresario era don Nicasio Hidalgo,  dueño de una  gran  recua  de estos nobles animales.

La nueva y revolucionaria tecnología de la fundición  daba un vuelco espectacular  a la explotación  del cobre naltaguino, pues una red de trenes mineros de trocha angosta que se internaba en la montaña desde El Agua Dulce en El Rosario hasta las vetas de Carmen Alto en Chocalan, cruzando túneles llegaban al centro de unión de las vías llamado Trinidad  en la cual por medio de un ingenioso sistema se suben capachos  vacíos y bajan  los que vienen cargados de mineral extraídos en los diversos piques  para ser conducidos a El Establecimiento donde estaba la fundición que en forma ininterrumpida purifica el cobre, que  una vez procesado volvía a embarcarse. Ahora su destino final eran las grandes usinas  europeas. Pero para llegar al Puerto de San Antonio tenía que cruzar los ríos  Mapocho y Maipo en un tramo de seis kilómetros. Esta distancia  era cubierta en tres fases. La primera  salía desde el mineral de Naltagua  hacia la puntilla de San Antonio en un tren d peraban en el puerto de San Antonio.

Desde El Monte los capachos del andarivel retornaban cargados con mercaderías y alimentos para los 650 trabajadores y sus familias que en total  pasaban de 3500 habitantes. de muy buen nivel  económico, de esta forma el pueblo de El Monte adquirió gran importancia y movimiento comercial por ser el corazón que activaba el mineral.

El personal  de la estación fue uniformado y  la ciudad  se hermoseaba a partir de la mas que  centenaria iglesia de San Francisco  ubicada junto a su Plaza de Armas,  por cuyo centro pasa el meridiano 71 de nuestro planeta.

Pero había  un problema que resolver entre  el mineral  y  el pueblo de  San Francisco de El Monte, y este no era otro que el distrito de Naltagua  formaba parte de la  comuna de Chocalan  la cual  estaba en proceso de eliminación. De manera que con mucha audacia las autoridades montinas  favorecidas por el hecho de que todo el movimiento del mineral  se hacia desde su territorio,  se pusieron en contacto con el senador José  Tocornal presentándole sus aspiraciones de que  Naltagua pasara a depender de la comuna de El Monte . El éxito fue magnifico  ya que el 15 de  diciembre de 1909 el parlamentario presento la solicitud al Congreso Nacional siendo aprobada. A partir de esa fecha  Naltagua  fue el distrito regalón  de San Francisco de El Monte ya que su enorme riqueza le permitía progresar mas que todas las comunas vecinas juntas,  las cuales  estaban en muy mal pie  para  competir con El Monte  en este sentido. Melipilla y Talagante estaban  demasiado distante del yacimiento.  Isla de Maipo que desde hace solo 10 años es municipio, se encuentra separada de Naltagua  por el curso del río Maipo, carece de ferrocarril cerca, pues Lonquen que está en su jurisdicción es estación ferroviaria, pero está muy lejos  del mineral. De manera que  el único contacto con  ese rico yacimiento radica en que mas de la tercera parte  de los trabajadores del mineral son isleños.

Cuando la empresa francesa “Societe des  Mines de Cuivre con asiento en París del  industrial  Conde de Saint Semé puso en marcha el mineral con su fundición  se trasladó a Europa dejando de reemplazante al señor  Henry Hall quien la condujo por el camino  del éxito antes de dejar el puesto a Jules Bouliniers el cual consolidó plenamente la marcha del mineral hasta ubicarlo como el mas importante de  la Provincia de Santiago como se llamaba entonces la Región Metropolitana.

El Monte entre tanto estaba en su apogeo, los trabajadores  que se desempeñaban  en la estación ferroviaria fundaron  el Club Andarivel  de El Monte,  institución  considerada entre las mas poderosas de todas las entidades deportivas de las comunas  del Gran Santiago. El activo comercio del pueblo se multiplicaba los fines de semana  cuando los mineros de Naltagua  cruzaban el Maipo en la lancha  sostenida por el mineral  para  abordar  los camiones y góndolas  que los conducía  luego de pasar el largo  puente de cemento  al centro de San Francisco de El Monte donde adquirían sus necesidades  alimenticias, medicinales, vestuarios  y de paso divertirse en las  quintas de recreo que eran el imán de los hombres. Entre tanto  los salones de belleza  cumplían igual tarea  entre las damas. Pero quienes llegaban a El Monte  no eran solo los mineros, sino que también lo hacían los campesinos del fundo San Vicente (propiedad donde estaba la fundición de Naltagua) los que con menos recursos económicos pero con similares ganas de pasarlo bien, se dirigían a la ciudad montina anhelando echar  una cana al aire  después de las duras jornadas  semanales en la campiña naltaguina.

Antes de que existiera el andarivel  que unía  a Naltagua y la estación de El Monte  la rica  producción agraria del inmenso territorio naltaguino enclavado entre el río y la montaña  se sacaba hacia los centros de consumo en balsas que  unían San Antonio de Naltagua  y  el pueblo de Lo Chacón en la confluencia de los ríos Mapocho y Maipo. Es bueno recordar que en San Antonio había  una fabrica de aceite de oliva y grandes sementeras de trigo amen de  otros cereales. Esta  peligrosa travesía  en balsa  terminó cuando  se empezó a hacer los envíos en forma mas segura por medio del  andarivel y San Antonio de Naltagua como La Higuerilla recibían sus necesidades por el mismo medio. En múltiples  ocasiones el andarivel sirvió como transporte de los mas osados  pasajeros que se atrevían a abordarlo aun en las peores condiciones climáticas  y con ambos ríos desbordados.

Para ver  el pasado  completo del mineral de Naltagua en  inoschile.com   haga click  en Historia de Isla de Maipo, donde está  el capitulo titulado “El Mineral de Naltagua” ya que ahora este minero distrito pertenece a esta comuna. y si  viene a la ciudad de San Francisco de El Monte o a los hermosos  distritos  de El Paico,

  Lo Chacon  o San Miguel. En  todos sus rincones encontrará  el recuerdo de los hermanos Carrera  y los rastros de la bella época del   mineral de Naltagua que marcó el máximo apogeo que vivió este hermoso e histórico pueblo.

               

                                                                   Fin