prehistoría
Los picunches “gente del norte”( para los araucanos que preferentemente residían a orilla de un curso de agua) en esta zona obviamente Vivian en las márgenes dl río Mapocho hasta cuando este caudal confluye con el caudaloso Maipo, al sur del cual están las montañas de Naltagua “Lugar de nalcas” y Chocalan “Brotes amarillos” sitios muy visitados por los aborígenes de la zona por la abundancia de frutos silvestres y caza. Muchos indios por esta razón levantaron sus chozas a los pies del cerro, haciendo muy fluido los viajes entre las riberas naltaguinas y montinas, interrumpiéndose solo en las crecidas de ambos ríos. Estos indígenas de la actual comuna de El Monte también eran favorecidos en sus necesidades alimentarias por una rica vegetación y abundante pesca del entonces límpido Mapocho, en cuyas márgenes construyendo sus chozas, para estar cerca del arroyo que les facilitaba el diario baño, “costumbre común del pueblo mapuche” que les permitía mantenerse limpios y sanos, desconociendo enfermedades que después llegarían con los europeos, tales como las venéreas, viruela e incluso la gripe y resfrío, males desconocidos de los naturales chilenos. La llegada de los incas del Perú trayendo algunas técnicas agrícolas, que pusieron en practica, pero sin ser sometidos por el invasor, gracias a sus jefes, los caciques Chiñigue y Llupeo, ambos de hábil y cordial trato.
Conquista
fueron las huestes del sacerdote y hechicero inca Talagante quienes primero se asentaron muy cerca de los dominios del cacique Llupeo (Río Hermoso) y si bien su influencia se hizo sentir, se adaptaron a su presencia que no los afecto en absoluto en el aspecto militar, ni con los incas, ni con los españoles, ya que los indios “montinos” de Llupeo eran pacíficos labriegos, pescadores y cazadores, con mínima densidad poblacional dispersa en un enorme y rico territorio que no se sentían en absoluto sometidos a los extranjeros, pese a tenerlos como sus vecinos inmediatos. Pero las congregaciones religiosas fueron las que en su afán de enseñar y redimir a los nativos de los abusos de los conquistadores y aprovechando la gran amistad que entablaron don Pedro de Valdivia y el curaca inca Talagante y la continuaron sus descendientes permitiendo en 1593 a los franciscanos por intermedio de Fray Basilio Pons levantar un monasterio en sus dominios, el que fue destruido por el terremoto de 1647. Luego este fue traspasado a los Jesuitas, y al ser expulsados estos de los territorios españoles por Carlos III el 26 de agosto de 1767 dejando su capilla sin atención cristiana, A petición de los propios indios al rey de España, fue que este le donó a la orden franciscana un terreno donde se levantó el templo a fin de evangelizar la reducción del Cacique Llupeo, desde entonces la aldea que surgió a la vera del convento se conoció con el nombre de San Francisco, pero teniendo la precaución de tomar medidas en caso de algún ataque indígena . Este consistía en un túnel que salía desde el templo, cruzaba la plaza en dirección norte rumbo al “monte” (cerro del cual después tomó su nombre el pueblo) por cuyo contorno se desplazaba el tranquilo río Mapocho que lo separaba del pueblo de indios de Talagante, en donde dicho cacique era protegido por los conquistadores españoles y por ende se constituía en el lugar mas seguro al que se podía dirigir en una emergencia bélica. La cual siempre estaba latente y quedó comprobada con el tiempo cuando la fiera resistencia de los mapuches desde el río Biobio al sur, vino a cambiar la quietud de la zona de San Francisco.
Los hispano fueron derrotados y expulsados desde la ciudadela de Osorno en 1602 la que había sido reconstruida en el mismo sitio donde se levantó el primer fuerte en esa zona nueve años atrás con el nombre de Santa Marina de Gaete y reducida a cenizas por los indígenas. Mas la tozudez hispana la reconstruyó por orden de, gobernador García Hurtado de Mendoza con desastrosos resultados al ser barrida por los araucanos y sus pobladores reubicados en diversos lugares. Las monjas Clarisas fueron llevadas a Chiloe. .Desde allí Fray Juan Barbero las trajo a Santiago y luego a San Francisco, nombre del santo patrono de la aldea y con el cual se conoció desde entonces la actual ciudad de El Monte, la que a partir de ese momento comenzó a tener importancia en el devenir nacional. Las monjas Clarisas enseñaron aquí a los indios el trabajo de cerámica policromada, costumbre que ha prevalecido durante siglos. Luego llegaron otros vecinos de gran alcurnia como fue don Ignacio de La Carrera Cuevas y Lisperguer descendiente directo de la f extensión , la que estaba ubicada a los pies del lado sur del cerro La Campana y cercándolo por el este lo hacia el sinuoso río Mapocho. Allí pasaron su infancia y juventud quienes un día serian protagonistas principales de la lucha por la independencia de Chile, como lo fueron los hermanos Carrera. Estos niños junto a su inquieto amigo Manuel Rodríguez en infinidad de veces corrieron por las faldas del cerro vecino y ya jóvenes se aventuraron a cruzar el río Maipo para internarse en las montañas de Naltagua, cubiertas de hermosos parajes y cascadas naturales que invitaban a la aventura y desde su cima mas occidental observaban la marcha del caudal que se dividía en múltiples brazos formando un archipiélago de verdes islas que causaban su admiración, y muchas veces bajaron para bañarse en las cristalinas aguas del estero Angostura que bordeando el cerro y entre sauces y canelos zigzagueaba alegremente al encuentro de los demás brazos del inquieto Maipo. Ese era el valle de tan especial característica llamado “El vado de Lonquen” por el cual pasaba en su extremo oriental la ruta colonial hacia el conflictivo suelo araucano.
Años después José Miguel Carrera se convirtió en un apuesto muchacho que encontró el amor en una doncella naltaguina, que al parecer ya tenía dueño y tuvo que batirse a duelo de puñal con su rival en la planicie de San Antonio de Naltagua, alzándose como vencedor, pero fue enviado castigado a casa de su tío materno en Lima, donde dada su actitud altanera fue encarcelado en la nave Castor, de la cual logró huir y retornar a Chile.
Nuevamente radicado en San Miguel de El Monte su padre lo nombró administrador de la hacienda con el objeto de detener el robo de ganado que sufría su propiedad a mano de los indios. Estas rapiñas indianas nacidas al fragor de la guerra de Arauco se extendió a la zona central con enormes perdidas para los pobladores de origen europeo. don José Miguel inicio las pesquisas en El Monte, El Paico, Vado de Lonquen ( Isla de Maipo) y Naltagua, lugar donde encontró a los indios faenando animales robados a su padre. En la refriega resultaron heridos el cacique Placen cía y un niño. Carrera debió pagar una fuerte multa por atacar a los indígenas y se le perdonó el encarcelamiento por el repentino fallecimiento de su madre. Días después el joven se marchó a Europa para enrolarse en el ejercito del rey que luchaba contra Napoleón, fue herido en la batalla de Ocaña y por su valor se le ascendió al grado de sargento mayor. Retornó a Chile totalmente cambiado al comprobar que en España los americanos eran mirados como indígenas aunque en el nuevo mundo fueran grandes personajes.
Independencia
El cambio en la personalidad de don José Miguel Carrera fue en 180 grados pues su estilo altanero lo cambio por la entrega total a la libertad de su patria, ocupando él y sus hermanos Luis Florentino y Juan José los mas altos cargos en el bando patriota a un precio altísimo, pues don Juan y don Luis fueron acusados de montoneros y fusilados el 8 de abril de 1818 en Mendoza, (tres días después de la batalla de Maipú). Los siguió en el camino de la venganza de la Logia Lautarina compuesta de cinco miembros, tres argentinos y dos chilenos y de la cual eran miembros San Martín y O´Higgins. Esta organización declaró enemigo de todo gobierno al amigo y vecino de la infancia de los hermanos Carrera don Manuel Rodríguez, que cuarenta y tres días después corría igual suerte al ser asesinado por la espalda en Tiltil el 20 de mayo de 1818.
A partir de entonces la persecución contra los Carrera y sus seguidores se hizo cruel en extremo al ser asolada en múltiples ocasiones la hacienda de San Miguel de El Monte por escuadrones o´higgianos que buscaban en las malezas y pajales a sus supuestos e inexistentes enemigos. La malvada persecución no vaciló en nada para martirizar a los carrerinos, ya que el 13 de mayo de 1819 una comisión integrada por José Gregorio Argomedo y notario público llegaron hasta El Monte para desde allí dirigirse a la hacienda de San Miguel con el fin de cobrarle a don Ignacio de la Carrera (un anciano de 86 años de edad) la suma de ciento noventa y cinco pesos y siete reales, que habían quedado pendientes por el proceso y tramite del fusilamiento de sus hijos Luis Florentino y Juan José en el pueblo de Mendoza. Días después llegaba sorpresivamente el capitán Hilario Vial al mando de 50 jinetes sembrando el pánico y la destrucción en San Miguel.
Todas estas tropelías llenaron de pavor a la población de San Francisco.
Don José Miguel Carrera al fracasar su anhelada empresa de liberar a Chile, perder la flota de guerra que adquirió en Estados Unidos con el mismo objeto. Saber la muerte por fusilamiento de sus hermanos en Mendoza. No encontró otra alternativa que hacerse montonero, estado semi delictual con el cual tuvo sitiado a Buenos Aires y asoló diversas poblaciones logrando un enorme prestigio entre los indígenas, que lo nombraron en un solemne parlamento Pichirey de los indios de la pampa, asoló con ellos las enormes planicies, siempre mirando la posibilidad de retornar a su amada patria. Cayo prisionero después de la derrota de Punta del Médano y tras un largo juicio se le fusiló también en Mendoza el 4 de septiembre de 1821.
Entre tanto en San Francisco de El Monte, la hacienda San Miguel y sus alrededores las crueldades en contra de los carrerinos continuaba en forma implacable. La propia escritora inglesa María Graham Dundas que escribió el libro “ Mi residencia en Chile 1822” un día antes de cruzar el vado de Lonquen (Isla de Maipo) encontró en Viluco al desterrado Lastra, que era hijo de doña Javiera Carrera, el cual debía hacerse el demente ( “tonto”
como el mismo se definió). Este joven vivía oculto en el bosque, durmiendo en cavernas de la montaña y alimentándose con raíces de árboles, amen de vivir en constante fuga para escapar de la furia anticarrerina impulsada por el gobierno de O´Higgins y doña Javiera Carrera debió asilarse en Montevideo bajo la protección de las tropas portuguesas de ocupación. Ella quien bordó la primera bandera que tuvo Chile, envió a Mendoza a su amigo llamado Miguel Cornejo, natural de El Paico, el cual se puso en contacto con el “carrerino” Toribio Rojas natural de El Monte y entre ambos una noche se robaron la calabera de don José Miguel Carrera que estaba expuesta frente al Cabildo de Mendoza y sorteando mil dificultades la trajeron a Chile. Tiempo después regresó doña Javiera la cual conservo con cariño la calavera de su hermano en El Paico.
A estas alturas el cacique Llupeo era el heredero por quinta generación de los extensos dominios de sus antepasados, suelos que se habían reducido enormemente, perdió el dominio de las dos terceras partes del pueblo de San Francisco al cual se le agregó el nombre de El Monte por estar cerca de la montaña y como una manera también usada por los colonos para quitarles la tierra a los indios.
Llupeo amenazaba con ir a Santiago a denunciar los abusos en su contra hechos por los comandantes sin llegar a concretar nunca tal acusación al conformarse con los adelantos que hacía en su hogar gracias a la civilización, como era el haber hecho ventanas a su vivienda y contar con terrenos muy bien cultivados con el trabajo de su familia y de los indios del lugar, que aun lo respetaban como su cacique, al que debían obediencia. Pero lentamente se fueron integrando a los cambios, al adoptar las costumbres del chileno y estos a la vez también tomaron muchas costumbres de los indígenas a tal extremo que casi no había diferencia entre ambas cultura fuera de las que estaban muy arraigadas, como el caso de los aborígenes que veneraban al canelo y sus danzas ascentrales. Tradición que los franciscanos al no poderla cambiar, invitaron a los picunches a practicar sus bailes dentro del templo, pero en honor de la Virgen de La Merced. Situación que cambio a causa del exterminio contra los Carrera existente en San Francisco de El Monte, que muchos lugareños en un acto de fe y temor religioso, pensaron talvez que dada la situación de terror reinante podía ocurrir un sacrilegio en el templo. Entonces tomaron la imagen de Nuestra Señora de La Merced huyeron con ella hacia el archipiélago del vado de Lonquen, convirtiéndose en los primeros colonos de la actual ciudad de Isla de Maipo, pueblo que con el tiempo le dedicó su devoción al atribuirle el milagro que salvo la aldea de una inundación y desde entonces anualmente le celebra su hermosa fiesta y mes de La Merced.
Entre tanto la nueva parroquia de San Francisco de El Monte era inaugurada el 13 de octubre de 1824 y El Monte recibía el título de “ villa” el 12 de septiembre de 1895.
En la Republica
San Francisco de El Monte lentamente fue cicatrizando las heridas del drama de los hermanos Carrera y afianzándose como un pueblo floreciente donde nació don Manuel Roble, el autor de nuestro primer himno nacional. y al cual llego a principio del siglo XIX le vía férrea y surgió la estación de El Monte. Casi simultáneamente se construye el enorme puente carretero sobre el río Mapocho como parte de la ruta hacia Melipilla y el Puerto de San Antonio, puente en el cual no se tuvo la visión del enorme progreso que tuvo la zona y se levantó con una sola vía.
En 1909 se completaron las instalaciones para explotar a gran escala el mineral de Naltagua en el cual se extraían las riquezas de los cerros de esta montaña que desde hacia cincuenta años se trabajaba en forma artesanal, al trasportar el mineral a lomo de mula, donde el mas importante empresario era don Nicasio Hidalgo, dueño de una gran recua de estos nobles animales.
La nueva y revolucionaria tecnología de la fundición daba un vuelco espectacular a la explotación del cobre naltaguino, pues una red de trenes mineros de trocha angosta que se internaba en la montaña desde El Agua Dulce en El Rosario hasta las vetas de Carmen Alto en Chocalan, cruzando túneles llegaban al centro de unión de las vías llamado Trinidad en la cual por medio de un ingenioso sistema se suben capachos vacíos y bajan los que vienen cargados de mineral extraídos en los diversos piques para ser conducidos a El Establecimiento donde estaba la fundición que en forma ininterrumpida purifica el cobre, que una vez procesado volvía a embarcarse. Ahora su destino final eran las grandes usinas europeas. Pero para llegar al Puerto de San Antonio tenía que cruzar los ríos Mapocho y Maipo en un tramo de seis kilómetros. Esta distancia era cubierta en tres fases. La primera salía desde el mineral de Naltagua hacia la puntilla de San Antonio en un tren d peraban en el puerto de San Antonio.
Desde El Monte los capachos del andarivel retornaban cargados con mercaderías y alimentos para los 650 trabajadores y sus familias que en total pasaban de 3500 habitantes. de muy buen nivel económico, de esta forma el pueblo de El Monte adquirió gran importancia y movimiento comercial por ser el corazón que activaba el mineral.
El personal de la estación fue uniformado y la ciudad se hermoseaba a partir de la mas que centenaria iglesia de San Francisco ubicada junto a su Plaza de Armas, por cuyo centro pasa el meridiano 71 de nuestro planeta.
Pero había un problema que resolver entre el mineral y el pueblo de San Francisco de El Monte, y este no era otro que el distrito de Naltagua formaba parte de la comuna de Chocalan la cual estaba en proceso de eliminación. De manera que con mucha audacia las autoridades montinas favorecidas por el hecho de que todo el movimiento del mineral se hacia desde su territorio, se pusieron en contacto con el senador José Tocornal presentándole sus aspiraciones de que Naltagua pasara a depender de la comuna de El Monte . El éxito fue magnifico ya que el 15 de diciembre de 1909 el parlamentario presento la solicitud al Congreso Nacional siendo aprobada. A partir de esa fecha Naltagua fue el distrito regalón de San Francisco de El Monte ya que su enorme riqueza le permitía progresar mas que todas las comunas vecinas juntas, las cuales estaban en muy mal pie para competir con El Monte en este sentido. Melipilla y Talagante estaban demasiado distante del yacimiento. Isla de Maipo que desde hace solo 10 años es municipio, se encuentra separada de Naltagua por el curso del río Maipo, carece de ferrocarril cerca, pues Lonquen que está en su jurisdicción es estación ferroviaria, pero está muy lejos del mineral. De manera que el único contacto con ese rico yacimiento radica en que mas de la tercera parte de los trabajadores del mineral son isleños.
Cuando la empresa francesa “Societe des Mines de Cuivre con asiento en París del industrial Conde de Saint Semé puso en marcha el mineral con su fundición se trasladó a Europa dejando de reemplazante al señor Henry Hall quien la condujo por el camino del éxito antes de dejar el puesto a Jules Bouliniers el cual consolidó plenamente la marcha del mineral hasta ubicarlo como el mas importante de la Provincia de Santiago como se llamaba entonces la Región Metropolitana.
El Monte entre tanto estaba en su apogeo, los trabajadores que se desempeñaban en la estación ferroviaria fundaron el Club Andarivel de El Monte, institución considerada entre las mas poderosas de todas las entidades deportivas de las comunas del Gran Santiago. El activo comercio del pueblo se multiplicaba los fines de semana cuando los mineros de Naltagua cruzaban el Maipo en la lancha sostenida por el mineral para abordar los camiones y góndolas que los conducía luego de pasar el largo puente de cemento al centro de San Francisco de El Monte donde adquirían sus necesidades alimenticias, medicinales, vestuarios y de paso divertirse en las quintas de recreo que eran el imán de los hombres. Entre tanto los salones de belleza cumplían igual tarea entre las damas. Pero quienes llegaban a El Monte no eran solo los mineros, sino que también lo hacían los campesinos del fundo San Vicente (propiedad donde estaba la fundición de Naltagua) los que con menos recursos económicos pero con similares ganas de pasarlo bien, se dirigían a la ciudad montina anhelando echar una cana al aire después de las duras jornadas semanales en la campiña naltaguina.
Antes de que existiera el andarivel que unía a Naltagua y la estación de El Monte la rica producción agraria del inmenso territorio naltaguino enclavado entre el río y la montaña se sacaba hacia los centros de consumo en balsas que unían San Antonio de Naltagua y el pueblo de Lo Chacón en la confluencia de los ríos Mapocho y Maipo. Es bueno recordar que en San Antonio había una fabrica de aceite de oliva y grandes sementeras de trigo amen de otros cereales. Esta peligrosa travesía en balsa terminó cuando se empezó a hacer los envíos en forma mas segura por medio del andarivel y San Antonio de Naltagua como La Higuerilla recibían sus necesidades por el mismo medio. En múltiples ocasiones el andarivel sirvió como transporte de los mas osados pasajeros que se atrevían a abordarlo aun en las peores condiciones climáticas y con ambos ríos desbordados.
Para ver el pasado completo del mineral de Naltagua en inoschile.com haga click en Historia de Isla de Maipo, donde está el capitulo titulado “El Mineral de Naltagua” ya que ahora este minero distrito pertenece a esta comuna. y si viene a la ciudad de San Francisco de El Monte o a los hermosos distritos de El Paico,
Lo Chacon o San Miguel. En todos sus rincones encontrará el recuerdo de los hermanos Carrera y los rastros de la bella época del mineral de Naltagua que marcó el máximo apogeo que vivió este hermoso e histórico pueblo.
Fin