Un crater existente en la montaña andina conducía a unas grutas en la cual surgieron los semidioses Cachi, Cuca, Manco y Uchu. Manco el mayor del grupo llegó con el tiempo a ser el primer Inca Manco Capac.
Los cuatro semidioses estaban acompañados de sus cuatro herrmanas llamadas Mama Oclo, Mama Huaco, Mama Cora y Mama Raua. De las grutas laterales salieron tambien los diez primeros “aylus” que eran grupos compuestos de diez familias cada uno. El Aylus sería la sociedad socio económica donde con el tiempo descansaría todo el sistema incaico.
Todo este conglomerado venido desde el mas allá inicio su marcha en un largo peregrinar, el que aprovecho Manco para deshacerse de sus hermanos a Cachi lo envio a la Gruta Esplendida en busca de tesoros dejados allí olvidados. Una vez que este se internó en la montaña , Manco amuralló la entrada. Uchu fue petrificado por un mago. Igual suerte tuvo Cuca en el Cuzco. Esto lugares petrificados pasaron a ser sagrados.
Manco y toda su comitiva eran portadores de una varilla entregada por el Ser Supremo con la orden de fundar la ciudad capital en el lugar donde la vara se introdujera sin presión en el suelo, intento que practicaban constantemente sin resultado positivo hasta que llegaron al Cuzco donde armoniosamente una y otra vez hundieron la varilla en la tierra.
Sin demora se establecieron allí. Como la zona ya estaba habitada, los moradores defendieron con fiereza sus bienes, pero fueron vencidos y expulsados de su territorio. Manco hizo construir un templo en homenaje al sol, del cual eran hijos. A partir de entonce el imperio incas comenzó su era de grandeza y expanción.
Viracocha Inca que tenía la rara particularidad de ser barbudo fue quien consolido el imperio y a partir de él los incas empezaron a ser considerados intocables e hijos del Dios Sol y sus representantes en la tierra.
Pachacuti Inca organiza el reino y con su hijo Topa Inca Yupanqui extienden sus dominios hasta el río Auca Mayo en la frontera colomboecuatoriana por el norte Bolivia y Argentina por el este y el río Maule en Chile por el sur. Pachacati Inca Yupanqui gobernó entre 1438 y 1471. Esa época de explendor un día cambio cuando la princesa heredera del imperio empezó a languidecer, adquiriendo un color acerado su rostro, para luego de multiples sacrificios a sus dioses recuperara un tanto el colorido de su hermosa tez, trayendo la consiguiente alegría a su pueblo, que con multiples fiestas agradecian al Dios Sol el milagro obrado en su querida princesa y futura soberana. De repente toda la felicidad de aquellos subditos se interrumpio dando paso a la tristeza, pues la doncella súbitamente sufrio una recaida agravada esta vez por una paulatina perdida de la visión. La mala nueva recorrio el imperio en todas direcciones, desde donde llegaron los hechiceros para tratar de restaurarle su muy quebrantada salud. Desgraciadamente todos los intentos fueron un fracazo, llevando la desesperación al palacio real que no podia dar credito a tanta desdicha que padecia su bella hija.
Cuando todas las esperanzas estaban perdidas llegó desfalleciente un chasqui a golpear las puertas del palacio, trayendo un mensaje de los Lican Antay o Atacameños quienes eran grandes navegantes y comerciantes que conocian los secretos del mar, la montaña y la selva y le ofrecian al emperador un lugar sagrado solo conocido por ellos, donde estaban seguros que la princesa restablecería su salud y recuperaría la vista.
Dado el prestigio de los Atacameños, la comitiva sin perder tiempo emprendieron el viaje rumbo a las aguas sagradas de los Likan Antay llevando a la enferma casi ciega.
Se internaron por las quebradas bordeando profundos abismos, cruzaron enormes montañas nevadas soportando frios inclementes, vencieron el desierto, el hambre y la sed hasta llegar a donde los esperaban los atacameños, quienes solicitos la condujeron por parajes similares hasta llegar a unas pozas de aguas termales.
Dice la leyenda que la enferma se acerco a tentones a la poza acompañada por dos princesas de su comitiva e instintivamente cogio en sus manos un poco de agua para refrescarse del intenso calor reinante. Al hacer contacto el líquido elemento en su triste rostro, la joven lanzó un grito de júbilo ¡ Mamiña! ¡Mamiña! ¡Luz en mis ojos! ¡Luz en mis ojos! exclamaba mientras se sumía repetidas veces en el agua. Su recuperación se tornaba en extremo milagrosa. Los colores volvieron a su rostro, recuperó su vista y la energía retornaba a su cuerpo.
En medio de grandes muestras de agradecimiento la comitiva pasado unos días quiso retornar a el Cuzco donde dieron a conocer las bondades de esas aguas milagrosas que a partir de esa fecha se llamarian Mamiña “Luz en mis ojos” a expresa petición de la princesa que recuperó allí el preciado don de la vista, cuando ya la tenía casi perdida. Justo premio dado a esas termas de la Primera Región de Tarapacá de privilegiadas aguas con bondadosas cualidades curativas que las han hecho famosas dentro y fuera de nuestras fronteras.
Un matrimonio celebrado por los hijos de dos loncos que residian donde se encuentran Talcamavida en la ribera norte del río Biobio y Santa Juana el la ribera sur, se convirtio en una tragedia que hizo temblar la montaña y las lagrimas de los deudos de esos martires del amor y sus amigos formaron una laguna a los pies del cerro Talcamavida (Montaña del Trueno). Como casi todas las tragedias de amor la causa es la riqueza de un tercer amante que ensangrentó este triangulo romantico, convirtiendo la fiesta de bodas en un reguero de sangre que puso escarlata las aguas del caudaloso Biobio.
Siglos atrás vivian en Talcamavida los Antileo (Sol del Río) enconados rivales de los Paillaleo (De espalda al río) que residian donde esta Santa Juana. Ambas familias eran las mas poderosas de la región, distinguiendose por su fortuna y valentia y la cantidad de sus miembros, muy numerosos en ambos casos, lo que les convertia en los mas importantes de la zona, para pasar luego de antagonicas en enemigos irreconciliables y si no se destruyeron fue porque el caudal del Biobio se los impidio con sus heladas aguas que les enfriaba su animo guerrero, impidiendoles a unos y otros ocupar una cabeza de playa en la ribera enemiga. Pasaron los años entre el tira y afloja de los Antileo y Paillaleo hasta que el amor limó las asperezas y la semilla de la paz florecio en los corazones el día en que la hija de los Antileo se enamoró perdidamente del hijo primogenito de los Paillaleo. La bella joven indigena de agraciada figura que irradiaba alegria y felicidad con la mirada de sus negros ojos, que hacian juego con su larga cabellera que caía sobre sus hombros.
Las antiguas asperezas y enemistades estaban a punto de ser borradas del corazón de ambas familias, para dar paso a la comprensión y entendimiento. Esos eran los sueños de la muchacha cuando estaba en los brazos de su amado, que tambien anhelaba con poner fin a las inutiles rivalidades que por tantos años mantuvo separada a ambas reducciones.
Una vez confirmado el noviazgo se reunieron los caciques para convenir el regalo que el novio tenía que dar al padre de su prometida, el que finalmente quedó estipulado en dos veces la cantidad de dedos de las manos en ovejas.
El cahuin o casamiento, fue preparado en grande para celebrar este magno acontecimiento en el hogar de la novia. Todo estaba planificado de tal manera que nada hacia presagiar algun traspie. Mas este vino cuando el joven Paillaleo trajo nadando por el río sus veinte cabezas de ganado, para entregarlo al viejo Antileo, que en una actitud reprochable, rechazó la oferta por considerar que si hija por su pureza tenía un valor muy superior a esa cantidad, dando por rota las conversaciones. Renaciendo de inmediato los rencores y enemistades de antaño entre esas dos familias araucanas.
Sabedor de lo acontecido el fornido hijo del cacique Huilquilemu, señor de los suelos que hoy ocupa el pueblo de Rere y sus contornos, se presento donde los Antileo ofreciendo al ambicioso padre de la muchacha una cantidad enorme de obsequios por ella, a pesar que la joven no sentia la mas minima atracción por el nuevo y ocasional novio, Pero siguiendo la tradición indigena, tuvo que aceptar, fijandose la boda en un plazo no superior a quince días. El acontecimiento era comentado en todos los rehues y el frustrado Paillaleo montó en cólera y decidio no perder a su amada.
Una lluviosa tarde del invierno sureño se efectuo el enlace cumpliendo todos los mandatos de las creencia mapuches. Al caer la noche mientra las fogatas iluminaban el festín silenciosas canoa surcaban el Biobio trayendo los conas del ofendido Paillaleo dispuestos a cobrar venganza por la ofensa causada por el ambicioso padre de la muchacha y como una tromba cayeron en medio del festin dando mazazos a dietra y siniestra dejando muertos y contusos. Los del cahuin aunque cogidos de sorpresa , reaccionaron con singular violencia replegandose en la montaña, entre tanto los Paillaleo se llevaron la novia hacia el río donde tenían las canoas. En esos momentos de lucha y muerte el cielo se se cubrio de negros nubarrones desatandose un terrible temporal de lluvia y viento al mismo tiempo que la montaña comenzó a temblar violentamente, como presagiando el fin del mundo. En medio de ese dantesco panorama los Antileo llegaron tambien a las canoas donde huian los Paillaleo y lo hacian acompañados de los cona de Huilquilemu para tratar de rescatar a la novia. Como el río habia crecido inmensamente arrastrando cuanto encontraba en las riberas como rucas, animales y arboles en los cuales encontraron la muerte los implicados en el triangulo amoroso de los cacique Huilquilemu, Paillaleo y Antileo.
Al dia siguiente todos los que escaparon de la refriega a la montaña miraban con pavor el horrendo espectaculo de sus parientes muertos y sin darse cuenta retrocedian por la falda del cerro en un ininterrumpido y desesperado llanto, cuyas lagrimas decendían hacia el plan. como un pequeño torrente. De pronto un violento sismo abrio la tierra y cuenta la tradición que en el forado que se formó con el movimiento telurico se detuvieron las lagrimas dando forma a la actual laguna de Talcamavida.
El escarpado cerro Capi situado casi frente a la minera ciudad de Copiapó, al igual que todas las cumbres del norte chileno se encuentra lleno de cicatrices originadas por las picotas de los pirquineros, que incansablemente hieren la montaña en su afan de encontrar la veta milagrosa que terminará con sus aflicciones económicas y lo transformará de la noche a la mañana en en ricos y respetados señores.
Hace muchos años un desconocido minero residente en el pueblo de San Fernando situado a cinco kilometros al este de Copiapó, que desde su infancia escuchó a sus padres y vecinos decir que en el cerro Capi hay un inagotable filon de oro de un espesor de cinco a diez pulgadas .
Una noche mientras se encontraba nuestro amigo pirquinero profundamente dormido a consecuencia de las duras jornadas luchando contra las rocas que se negaban a entregarle el secreto de donde estaba la fabulosa veta aurifera, un sobresalto lo despertó exclamando a medida que se vestía apresuradamente ¡Dios Mio gracias por este hermoso sueño que me revela el lugar donde podré encontrar un tesoro mas valioso que el filón de oro que está en esta misma montaña!.
Era media noche cuando nuestro heroe emprendío una vez mas la marcha , pero ahora lo hacía con suma cautela para no ser visto y seguido en su nueva misión destinada a borrar para siempre la misera situación que arratraba por generaciones y que hoy se presentaba la oportunidad de roperla para siempre. La densa camanchaca era su única compañera en su viaje. Tras caminar por el desierto traspasando cerros, internandose en las quebradas hasta que aclaró el nuevo día. Guiado por su instinto de cateador formado y moldeado desde su lejana niñez en su incesante vagar por los montes atacameños, no tuvo problemas en llegar al lugar señalado en el sueño. En el acto el pirquinero superando el cansancio se puso a trabajar con ainco hasta que lo sorprendio la noche, y el cansancio lo durmio, volviendo a tener el mismo sueño en el cual ahora se le decía que estaba en el sitio correcto, aclarandole tambien que el tesoro oculto no le daría grandes riquezas materiales, pues le fue confiada a él el privilegio de ser quien encontrara una joya destinada a ser la esperanza, consuelo y protección de los mineros chilenos.
Al despuntar el día el pirquinero despertó e instintivamente se puso a trabajar sin darse cuenta como pasaba el tiempo y se internaba en la caverna . De improviso el socavon se iluminó por un instante reflejandose claramente una figura de piedra negra. Tan rapido como llegó el resplandor desapareció. La debil luz de su candil, fiel compañero de los mineros, continuo alumbrando el lugar del hallazgo donde el hombre con sumo cuidado para no dañar la figura, trabajo hasta que logró sacar la imagen sin un rasguño. Era la madre de Dios esculpida en piedra oscura y en su mano portaba una candela igual a la que usan los mineros en sus faenas subterraneas. Una incontenible felicidad invadio al pirquinero. En verdad no habia encontrado una veta de oro, pero al fin hayó a la protectora de los sufridos hombres que horadan la tierra buscando el golpe de suerte que asegure el pan familiar y una vejez digna, sin los sobresaltos de la miseria.
¡Virgen santa! exclamó el minero emocionado, como llevas una candela igual como la que usamos nosotros , desde hoy seras la Virgen de La Candelaria, patrona de quienes laboramos en las minas. Sin pensarlo dos veces retornó a su choza llevando la pequeña imagen de piedra a San Fernando el hermoso y pequeño pueblo ubicado junto a Copiapò.
Corría el año 1780 cuando un grupo de mineros que trabajaba en el frio Salar de Maricunga fueron atrapados por una infernal tormenta. Sin tener donde refugiarse por la lejanía del campamento buscaron refugio sin encontrarlo a causa de la intensa nevazón. El temor a su inpredecible destino y el recuerdo de sus seres los derrumbaron.
Al amainar el temporal se organizaron las partidas de rescate compuesta por expertos hombres conocedores de la montaña y sus traicioneras trampas ocultas por la nieve, dudaban de encontrarlos con vida . Tras penosa busqueda luchando con el barro y el hielo, las patrullas entraron en contacto con los desaparecidos, que felices contaron el milagro que les permitio capear el temporal y salvar con vida.
¡Ibamos sin rumbo! decian , casi desfallecientes sin encontrar el campamento, pues todo era un blanco enceguecedor que diluia cualquier intento de orientación, y en lugar de tomar la ruta correcta, nos alejabamos de él, internandonos en la montaña sin rumbo. Cuando el cansancio y el frio minaron nuestros cuerpos , empezamos a rezar pidiendo protección a la Virgen de La Candelaria. ¡Ayudanos querida negrita! (así llaman los mineros a la virgen) y juramos contar tu milagro en nuestras personas, publicamente, y te llamaremos “protectora de los mineros” De improviso donde habia solo nieve encontramos una inmensa mole inclinada semejando una caverna, allí nos refugiamos y pudimos mitigar el hambre al encontrar un guanaco aprisionado entre las piedras y leña que nos permitio preparar un contundente asado que nos dura hasta este momento y nos queda para pasar otros días.
Una vez que llegaron a Copiapó se dirigieron de inmediato a San Fernando a cumplir la promesa hecha a la virgen de piedra. Desde entonce cada 2 de febrero se celebra en ese pueblo la fiesta de Nuestra Señora de La Candelaria., la querida “Negrita” de los mineros chilenos.
Desde el violento Golfo de Penas hasta el Estrecho de Magallanes esta el territorio de los Alacalufes, nomades del mar que establecieron su hábitat en ese leberinto de islas y canales de gelidas aguas, ambiente dificilicimos que si bien lo dominaron en el pasado, hoy con los beneficios de la civilización, este pueblo está al borde mismo de la extinsión.
Desde el Estrecho de Magallanes hasta el Cabo de Hornos viven otros endiablados navegantes, muy similares por su modo de vida a los alacafufes, pero mucho mas audaces, ellos no son otros que los heroicos Yaganes o Yamanas, que pese a vivir en tan extremas condiciones creian en su Dios Vitahuineiva, en cuyo homenaje desde niños se respetaban mutuamente, y respetan a los ancianos y enfermos con una abnegación que todavia no aprende la civilización humana actual.
¿Por qué estos dos pueblos tomaron el mar como su hogar? ¿Por qué los Tehuelches y los Onas o Patagones se quedaron en tierra firme y alejados del mar ?.
Cuenta la leyenda que estas cuatro tribus tenían por separado cada una el firme proposito de ser ella la que poseyera en forma exclusiva la basta pampa y fin de tener caza segura para su pueblo. El no perder ese eden se convirtio en una interminable guerra que en forma paulatina los iba llevando al exterminio. Muy preocupados los jefes tribales observaban este constante acecho guerrero y la irreparable consecuencia para sus respectivos pueblos, que superando sus diferencias decidieron un día reunirse y buscar la forma de encontrar la paz que evitara el esteril derramamiento de sangre. Despues de largas reuniones en las que casi terminaban agrediendose entre ellos, empeorando el estado de guerra vigente, intercedieron ante el Ser Supremo solicitandole que les permitiera encontrar una salida a este grave problema, que era insoluble para ellos desde hacia tiempo inmemorial.
Como piedras se durmieron los jefes tribales despues de los sacrificios a sus respectivos dioses, pidiendoles que aplacaran sus ímpetus guerreros. Estas suplicas hechas con fe hizo pensar a los caciques que al fin encontrarian el camino de la reconciliación.
Al día siguiente una vez comenzada la reunión. Cada jefe a su turno contó un sueño similar . Dijeron que mientras dormian el Ser Supremo les dijo haber escuchado sus plegarias y sacrificios y que en premio a su sincera solicitud de encontrar la paz entre sus respectivas tribus, él les indicaría la manera mas facil de dirimir sus diferencias para siempre, recurriendo a una competencia que resultara pareja, justa y en la cual ninguno de los cuatro pueblos tuviera ventaja aparente . La contienda por lo tanto sería en el mar, ya que ninguna tribu tenía conocimientos nauticos. Y como muestra de su tremendo poder, los dioses australes dividieron la tierra en tal forma que vencedores y vencidos luego de la competencia, quedería separados a fin de evitar nuevos conflictos entre ellos.
Llegado el momento de la contienda lo hicieron Alacalufes y Tehuelches representando los dominios al norte del Estrecho de Magallanes y por el sur del legendario cauce interoceanico deberian competir Onas y Yaganes.
La competencia se realizó en ese estrecho o canal y la victoria al norte del caudal fue para los tehuelches magallanicos en la patagonia. Mientras que en Tierra del Fuego los onas se alzaron con la victoria. Alacalufes y Yamanas al quedar como perdedores debieron aceptar el trofeo que pidieron los vencedores. Tehuelches y Onas eligieron para vivir la tierra firme, renunciando para siempre a algún derecho sobre el mar, el que a partir de ese día quedó como exclusivo dominio de Yaganes y Alacalufes.
Desde entonce Tehuelches y Onas o Fueguinos fueron puramente terrestres, sin tener contacto alguno con el mar del cual nada saben, ni conocen. Mientras que los alacalufes magallanicos y los yaganes fueguinos viven casi exclusivamente en el mar, teniendo sus tiendas de cuero de lobos marinos sobre sus canoas, en las que recorren las islas australes hasta mucho mas al sur del Cabo de Hornos.
Al promulgarse la regionalización de Chile, el antiguo Departamento de Arica dio vida a dos provincias, la de Arica que quedó formada por los territorios costeros y Parinacota que es esencialmente montañosa al estar en la zona altiplanica limitando con el Perú por el norte y Bolivia por el este. En su territorio cordillerano esta la laguna de Cotacotani y el lago Chungará. En tiempo del apogeo del imperio incaico vivian en esta zona dos tribus de aymaraes y como en todo lugar donde hay seres humanos es lógico que la paz no sea para nada estable, lo cual se ratificó en las continuas recillas que separó cada vez mas a estos conglomerados indigenas. La eterna rivalidad de los del norte contra los del sur se mantenía desde tiempos preteritos, sin que la paz con su mensaje de amistad pudiera hacerse presente. Porque cuando el odio se apodera de las personas, parece que nadie puede sacarles el demonio del cuerpo, y solo existe un medio para abrir una brecha hasta en los mas perversos corazones, y este no es otro que el amor.
Fue este regalo del cielo que prendio en los corazones de los hijos de los respectivos jefes tribales en los momentos que ambas caravanas de auquinedos se cruzaron casualmente ´. El amor a primera vista fue fulminante y nada pudo impedir que los principes se continuaran viendose, primero en forma breve. Luego de tenaz lucha contra sus progenitores pudieron visitarse y pasear en las margenes del Chungará y las Cotacotani.
Parinax hija única del señor de las cumbres del norte amaba con toda su alma al apuesto heredero de las cumbres blancas del sur llamado Huainallac, quien correspondía este cariño con verdadero gozo. Era tal la felicidad de ambos muchachos, que no tenían ojos para ver el rencor y malestar que provocaba su amistad en sus respectivos pueblos, que se oponian a cualquier acercamiento tendiente a limar las asperezas existente y abogaban que esta debia mantenerse por siempre en homenaje a sus ilustres antepasados, y hoy estos jovenes tenían la impudicia sacrilega de terminar con esa noble tradición.
Huainallac y Parinax sin embargo a esas alturas solo pensaban en unir sus vidas para siempre, Tenían sí, antes que vencer la oposición de sus respectivos padres. Ya que ellos sus progenitores eran los que llevaban la antorcha de este torpe antagonismo, y se enfrentaban ahora a la disyuntiva de aceptar u oponerse al matrimonio de sus hijos ¿ Que le podian decir a sus pueblos? ¿Comprenderian sus compatriotas este cambio de actitud tan drastico? ¿ Porque despues de inculcar el odio enfermiso a sus pueblos, ahora le saldrian que querian unir en matrimonio a sus hijos? Eran muchas las interrogantes sin respuesta lógica posible que bullian en las mentes paternas de ambos jefes aimará impidiendoles conciliar el sueño.
Fue tanta la angustia de esos soberanos altiplanicos por el problema en cierne que decidieron reunirse a la brevedad, dejando de lado sus diferencias, y busca una solución.
El conclave fue secreto, teniendo conocimiento de su realización, solo los mas intimos de ambos clanes. La apremiante conversación en medio de sacrificios a sus dioses para que iluminaran el camino a seguir, teniendo presente la felicidad de sus adorados hijos y la autoridad sobre sus subditos, que tenían que ser informados de los pasos que iban a dar, dejandolos conforme a la vez de la determinación tomada..
Cuando los primeros rayos del sol iluminaban las nevadas montañas los jefes tribales reiniciaban las conversaciones por espacio de varios día. Finalmente cuando la desesperación hacía presa de ellos, el padre de la muchacha dando un chasquido de con sus dedos, dijo repentinamente. Podemos decir a nuestros pueblos que fuimos citados por los dioses , quienes ordenaron como sacrificio el matrimonio de nuestros hijos. La idea fue bien acogida por su contertulio, reparando sí, en que podian ser castigados por los espiritus de sus antepasados. Debatian ambos hombres sobre las consecuencias que tendría el mentir a sus conciudadanos, cuando de improviso la habitación se iluminó intensamente, dejando segados a los jefes indigenas que perdieron el conocimiento. Todo pudo der fugaz, quizas fueron horas o dias los que demoraron en recobrar el conocimiento. Pues lo jefes tribales no atinaban a comprender lo sucedido, ya que un gran sopor les despertó muy cambiados, pues se estrecharon en un abrazo de confraternidad, diciendose. Nunca mas resquemores entre nosotros y desde aquí saldremos a comunicarles a ambos pueblos el cambio que se ha registrado en nuestros corazones, y es posible que las dos poblaciones tambien hayan cambiado para bien y acepten el matrimonio de nuestros hijos y todo saldrá tan rápido que ni cuenta nos deremos cuando la comarca estalle en alegria por el anuncio de la boda.
¿Casar a los principes? rugio el pueblo indignado al imponerse del anuncio de sus superiores. ¡ Eso jamas lo aceptaremos! vociferaban. Ni los ruegos, ni las amenazas conmovieron a los aborigenes. Entre tanto la orden seguia latente en las mentes patriarcales. Las nupcias serían a la brevedad y esa sería la partida de la unión de ambos pueblos en un solo reino o el castigo caería sin clemencia sobre todos ellos.
Los opositores urdieron entonce una siniestra trama, consistente en eliminar a los novios. Asi todo quedaría igual que antes. Silenciosamente los confabulados antagonistas se reunirian para para finiquitar los intimos detalles de la siniestra conjura.
Una mañana cuando los novios se aprestaban a marchar desde sus respectivos hogares en demanda del altar, fueron segadas sus vidas. Un temor generalizados se apoderó de los indigenas al ver que esos crimenes traerian graves consecuencias y los dioses clamarian justicia, por no ser obedecidos, acompañaron el cortejo funebre hasta sus sepulcros que fueron cavados en el límite de esos belicosos reinos , es decir uno cerca del otro. En el momento que todos escuchaban los responsos con especial arrepentimiento, las aguas del Chungará y Cotacotani se sublevaron llevando a sus profundidades a esos belicosos pueblos, que no deseaban la paz. Simultaneamente los sepulcros se elevaron, dando vida desde entonce a los Pallachata (mellizos). Ellos son el Parinacota de 6.330 metros de alto y el Pomerape de 6. 240 metros de elevación en cuyas cimas coronadas por la nieve estan los principes aimará que el odio de los hombres les impidió ser felices.
LA NINFA FRUTILLA
Si nos remitimos a lo acontecido en la leyenda de Treng Treng y Caicaivulú, veremos que la buena serpiente amiga de los hombres, prestó auxilio a la ninfa Frutilla que al encontrarla herida, llevandola hasta el gran lago Llanquihue, conocido en otros tiempos como “Otro Mar” por sus enormes. De esta manera la protegía de la mala serpiente enemiga de los hombres, que aborrecia a la ninfa desde cuando esta se oponía al exterminio del genero humano en el diluvio que preparó la siniestra Caicaivilú hace milenios atrás.
La sirena Frutilla se recuperaba lentamente de las graves heridas sufridas, gracias a los solicitos cuidados de toda la fauna del lago Llanquihue, que adnegadamente velaba por la salud de su nueva y hermosa vecina, a quien consideraban una princesa venida del oceano que fue victima de los lacayos de Caicaivilú.
Pasaban los años y la ninfa Frutilla se encontraba totalmente recuperada, las cicatrices habian desaparecido de su cuerpo, y de su rostro tambien desaparecido la pena que sentia por haber dejado sus amigos de las salobres aguas del mar, por la cristalinas y dulces del gran lago, que la ahora feliz Frutilla recorría incansablemente visitando a sus amigos que desde reconditos ríos, esteros y vertientes solicitaban su presencia para agasajarla, ya que su presencia resultaba protectora, pues creian que así la hada madrina de Frutilla, la bondadosa serpiente Treng Treng que si bien nunca mas volvio al Llanquihue, era lógico que si las cirscuntancias de peligro se presentaran en cualquier forma, ella sería una sólida carta a su favor.
Lejos de todo peligro la ninfa Frutilla se atrevio a salir del agua a solearse en las verdes praderas esparcidas por doquier en las riberas del lago, visitando un día un lugar y al siguiente otro. Quizas si por el prestigio y fama alcanzado por Frutilla, tanto por su belleza, como por el cariño que impartia, que no faltó el día en que se presentó allí un apuesto mansebo de atleticas condiciones fisicas , que al ver a Frutilla tan esplendorosa quedo fascinado, pues la doncella era mucho mas bella de lo que él se imaginaba. La ninfa tambien quedó flechada por el giganton. Esta mutua simpatía pronto se convirtio en un fogozo amor y cegada por este afecto ella le siguió hasta alejarse demasiado del lago, dandose cuenta que lejos del líquido elemento su vida peligraba y pronto colapsaría. Entonces quiso regresar, pero el gigantón se lo impidio, ya que por motivo alguno perderia sus encantos y la rogaba a que le siguiera. Frutilla le respondió que feliz estaria cerca de él, pero a orillas del lago, a lo que él se opuso ya que para el agua le resultaba fatal.
La ninfa que vivía feliz con sus amigos del lago, en realidad prefirió esa libertad y suplicó a su amado que la dejara volver al liquido elemento. El enamorado principe de la cerranía herido en el alma y su amor propio, montó en cólera negandose a retornar con Frutilla a la orilla del Llanquihue y menos dejarla sola volver a sus cristalinas aguas y rudamente la conducía montaña adentro.En un momento de descuido la ninfa se escapó de su raptor enprendiendo una loca carrera en demanda del espejo de agua que como una joya brillaba a los pies de las elevadas cumbres. Sin descanso alguno y seguida a muy corta distancia de su frustrado amante, Frutilla finalmente llegó a la ribera, lanzandose en una desesperada zambullida a las aguas, salvando su vida.
Casi pisandole las extremidades , llorando de rabia venia el galan, y al no lograr capturarla, pues su presa se escabullia en las límpidas aguas. Fuera de si le gritaba que volviera, sin tener respuesta.
Así como nacio en forma tan fugaz, moría tambien ese loco amor, dejando profundas huellas en esos heridos corazones. El giganton enloquesio de amor y cogiendo colosales piedras las lanzaba al lago con la vana esperanza de borrarlo de la faz de la tierra y sepultar así a su ingrato amor. Con tanto esfuerzo la debilidad, el cansancio y la muerte no tardaron en hacerse presente. Pero aun hoy es posible ver en la ribera del lago Llanquihue las enormes piedras que recuerdan lo real de esta leyenda, y en cuanto a Frutilla, los chilenos de hoy la han querido perpetuar fundando en el lugar donde se zambulló la ninfa, el bello balneario de Frutillar.